The Man (18). Florentino Pérez, el último romántico

La construcción es la que lo ha hecho un hombre Forbes. Pero su fuerte es la deconstrucción. Anoche perdió el Real Madrid ante el Barça pero lo hizo dejando cierto buen sabor. No fue como esas derrotas ante el Barça de Guardiola que sumían al madridismo en honda depresión. Al ver el mediocentro del Madrid (Modric, Kroos, Isco, y James en la grada) se notan las horas de Florentino deconstruyendo al Barça de Guardiola, qué tienen ellos que no tenemos nosotros. Y ahora tiene un mediocampo de lujo, jugadores que pueden armar juego. Hoy estará de nuevo Florentino, cual doctor Victor Frankenstein de regreso en su laboratorio, preguntándose que con Casillas, Navas, Ramos, Marcelo, Varane, Pepe, Kroos, Modric, James, Isco, la BBC, ¿qué más hace falta para batir de una vez por todas al Barcelona?

La faceta deconstruccionista de Florentino estaba bien oculta tras su gigantesca empresa de construcción, ACS, y ese capítulo oscuro cuando le entregó al gañán de Mourinho los mandos del Madrid. Fue una medida propia del desespero de no saber qué más hacer para acabar con la dominación del Barça de Guardiola. “Yo sé cómo hacerle esa vuelta, jefe”, le dijo el técnico portugués y Pérez compró sus servicios. Mourinho cumplió con su palabra, a costa de metamorfosesar el madridismo en mandrilismo. Con Mourinho, Florentino nos dejó ver su faceta de Mr. Hyde. ¿Cómo después de ver que Pepe y Mourinho pisaban al rival en el piso pudo decir que eran fieles representantes del madridismo?

Read On…

Utopian Sniper (3)

Ha vuelto a despertarme la pesadilla de que soy un francotirador. No me recupero de esa escena de American Sniper en la que Kyle asesina al francotirador de la resistencia iraquí a 1.920 metros de distancia. Una belleza de disparo. Esto es lo que me despierta, el horror de ver lo bello en la precisión del francotirador al disparar a otra persona.

Mi inconsciente me trajo a la memoria a Wile E. Coyote y la felicidad cada vez que llegaba un paquete de los laboratorios Acme. Creo que gracias a él aún mantengo intacta la felicidad cuando me dan un regalo o llega algún paquete de una compra en línea. Wile E. Coyote fue la preparación para la ceremonia de graduación con De Quincey y su Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Probablemente De Quincey compartiría que el disparo de Kyle entra en la clasificación.

Cuando Stockhausen propuso que los ataques del 11 de septiembre entraran también el mundo se le fue encima. Tuvo que repetir, de manera resumida, la introducción de De Quincey a su libro. Como director de orquesta, Stockhausen sabía de qué hablaba al ver ese crimen orquestado con cuatro aviones y esos dos grandes estruendos inolvidables al ojo y corazón humanos; casi igual que con el atentado de Atocha, cuando gracias a la impuntualidad, al error en el tiempo (whiplash!), Madrid se salvó de una desgracia aún mayor.

Stockhausen ya no vivió para alabar la desaparición del avión malayo. En la música de Arvo Pärt el silencio es fundamental, la raíz de la cual nace y a la cual vuelve. El avión malayo entra en los anales del asesinato considerado como una de las bellas artes como un gigante alado que desaparece sin dejar el más mínimo ruido, la más mínima huella, silencio total.

Read On…

Deepest Blue vs Lio Messi

Cuando Gary Kasparov perdió con Deeper Blue (la versión actualizada de Deep Blue) en 1997 acusó a IBM de haber hecho trampa: afirmó que programaron el supercomputador para jugar contra él. Hoy la mayoría de supercomputadores están basados en procesadores Intel y AMD (x86-64), es decir, casi al alcance de cualquier pyme y son el motor de los estudios de big data ahora.

Después del mundial de fútbol en Brasil pasado, donde las empresas dedicadas al big data hicieron una fiesta, el nuevo técnico de Barcelona se propuso emplear la misma defensa de Gasparov contra Deep blue: la impredictibilidad, presentar semana tras semana una alineación sobre la cual no hay datos suficientes para prever su comportamiento en la cancha. Ya no juega solo contra el oponente, lo hace también contra su Deepest Blue.

Read On…

Velocidades

Uno de los lazos comunes que tejieron Milan Kundera y Carlos Fuentes fue compartir la creencia de que hay cosas sobre la condición humana que solo la literatura puede decir (que es a su vez lo que da la medida de un escritor). Pero a veces es mejor dejar que hable la vida por sí misma: me encontré con el reportaje La búsqueda de la belleza. Yitang Zhang resuelve un misterio matemático y lo compartí entre amigos. Una experiencia que nos habla mucho sobre la condición humana en este momento.

Casi todas las reacciones coincidían en tres puntos: el primero, la lentitud, la capacidad de trabajar en un problema sin afanes; el segundo, la libertad, el encontrar el camino o la forma de ser dueños del propio tiempo y dedicarlo a lo que nos interesa; el tercero, la resiliencia, la que tuvo Zhang para continuar sus intereses en circunstancias adversas.

Read On…

Retrato de Birdman como adolescente, versión chibchombiana

Hay un chiste malo que me divierte mucho. Cuando llego a un restaurante o una sala de cine semivacías, donde apenas hay una o dos personas sentadas, le digo al mesero o el acomodador que esas personas justo están sentadas en mi mesa o mi silla preferida, y le pregunto que si sería posible pedirles que cambiaran de lugar. Es un excelente medidor de aceite. La última vez en Colombia lo ensayé en un restaurante un poco lujoso en Chía. La mesera, una mujer joven, si acaso de 24 años, se sonrojó sin saber qué hacer. Nos pidió un momento y fue a consultarlo con su superior. No me lo creía. Generalmente paro el chiste a los dos minutos. La joven fue tan rápida que no me dio tiempo de hacerlo. Llegó con la respuesta esperada: “Qué pena con usted pero ya los clientes están comiendo, sin embargo les ofrecemos una entrada cortesía de la casa”. El lema en Colombia es que el cliente siempre tiene la razón y se trabaja con mucho esfuerzo para hacerlo sentir como un rey.

Es demasiado frecuente escuchar a estos clientes soberanos quejarse del servicio en Holanda, donde es todo lo opuesto al servilismo al que están malacostumbrados. Me gusta contar la anécdota del hijo de uno de los hombres más ricos de Holanda que trabajaba en el verano en las terrazas de Amsterdam. Lo importante para él era ganarse su propio dinero, no depender del padre. Uno de los presidentes del ING decía que desde los 15 años, cuando empezó a recoger periódicos y botellas en las casas de los vecinos, era independiente económicamente, no les pedía dinero a sus padres para sus gastos. Es decir que a uno en una terraza de Amsterdam lo puede atender un joven de familia millonaria y sin decir jamás usted no sabe quién soy yo.

Vi ayer el video del joven Nicolás Gaviria. He visto tantos jóvenes así que no tengo dudas de que es un tipo sociológico colombiano, sin distingo de región además. Lo curioso para mí es que esta vez a la sensación de vergüenza e indignación por su comportamiento, la siguió un ataque de risa. No sé si sea el efecto de Birdman, algo así como Retrato de Birdman como adolescente, versión chibchombiana.

Ahí estaba el joven Nicolás como un Clark Kent criollo que les dice a sus enemigos policías ustedes no saben quién soy yo, y para demostrar sus superpoderes anuncia que va a llamar al general Palomino para que teletransporte a estos igualados al Chocó o inducirlos a cometer suicidio por la afrenta que están cometiendo. Por si hay duda de su superioridad social, se da el lujo de dar collejas a un policía y golpes en el pecho a los dos agentes.

¿A dónde lleva esta superioridad? Es fácil imaginarse a Nicolás caminando en sus cincuenta o sesenta con ese hombre pájaro detrás de él recordándole su ustedes no saben quién soy yo. El joven Nicolás se paseó por todas las emisoras diciendo que quizás no actuó bien pero en el fondo tenía razón. ¿Se refería finalmente a esto González Iñarritu con su inesperada virtud de la ignorancia? ¿que ahora sabemos quién es Nicolás pero él mismo no lo sabe?

Hay que abonarle al joven Nicolás que dentro del uso de sus superpoderes no acudió a ese oxímoron tan colombiano de "usted a mí me respeta, hijueputa".

Pasajes de iniciación

Anoche preparé gomasio. Lo dispendioso es triturar el sésamo al final. Mientras lo hacía, recordé a LS, la amiga que me enseñó el gomasio. Fue novia de un tío mío alérgico a los compromisos. L. trató de construir una relación con él y, como era de esperarse, entre más se acercaba, él más apatía le tomaba. De manera inesperada fui yo el gran beneficiado de los regalos que L. le hizo a mi tío.

L. sufre de una enfermedad degenerativa heredada de su familia. Su expectativa de vida era de máximo 60 años. Para vencer esta enfermedad empezó a seguir el modo de vida macrobiótico. El gomasio es la sal que utilizan, entre muchas otras particularidades. L. nos enseñó a prepararlo y desde entonces sigo su receta: tuesto una cucharada de sal marina, luego la trituro con el mortero, tuesto 15 cucharadas de sésamo, luego lo trituro mientras lo mezclo con la sal marina pulverizada hasta que quedan fundidos en un polvo fino que los japoneses llaman gomasio.

L. le regalaba música a mi tío también. Cassettes de Kitaro e Isaio Tomita. Vinilos de Arvo Pärt y Steve Reich. Todos ellos me los pasó en su afán de repeler el compromiso con L. De cumpleaños L le regaló a mi hermana el libro del Dõ-In, que heredé y cuyos ejercicios matutinos sigo practicando. Fueron a la vez la puerta a la meditación. Cuántas puertas a mundos queridos me abrió L, auténticos pasajes de iniciación.

Como era de esperarse, la relación no prosperó. Fue una separación dramática, ella lo quería mucho. De esto hace ya más de 20 años. No volvimos a saber de ella. Anoche la pensé, qué será de su vida, qué sorpresas musicales podríamos compartir hoy en día. ¿Estará viva? Voy a buscarla. Mientras la encuentro (o no), disfrutemos de uno de sus regalos:

Amor en serio

De los regalos que le agradezco a la vida sobresale saber disfrutar la salsa. En El espejo enterrado, el ensayo de Carlos Fuentes sobre qué le ha aportado América Latina a la humanidad, menciona cuánto le debemos a la cultura africana los latinos, en especial por la música. Pero no dedica ningún capítulo al legado de la salsa. Quizás Fuentes pertenecía a los latinos a los que no les gusta. A los que nos apasiona solo nos queda agradecer el gusto por ella.

Esta introducción un poco pomposa se debe a un nuevo ataque de la serie cómo se compone un son. Hoy en la ducha me preguntaba cómo se compuso Amor en serio, una de las canciones más sabrosas y deliciosas para bailar. Entremos en materia:

Esta versión pertenece al álbum de 1978 From the Depth of My Brain, del grandísimo Fernando Luis Rosario Marín, más conocido como Willie Rosario o Mr. Afinque. En el coro se encuentran, nada más ni nada menos que Tony Vega, Bobby Concepción y Gilberto Santa Rosa, y con Junior Toledo como cantante principal acompañado por Guillo Rivera. Willie Rosario, como siempre, en los timbales. Existe una versión de 1977, de Santitos Colon con la orquesta de Tito Puente:

La versión que me fascina es la de Willie Rosario. Empieza con una introducción de 40 segundos por los metales que se repetirá al final para cerrar la canción. Luego entra la voz de Junior Toledo acompasada por el piano de Javier Fernández y la percusión con Rosario y Jimmy Morales en las congas. En 1:26 se funde la intro con la melodía para preparar el plato fuerte del coro de 1:50 a 1:56. Aquí los bailadores ya estamos en la luna, con un empuje sostenido de los metales, destacando el saxofón de Beto Tirado un minuto después. Luego, en 3:35 empieza uno de los solos de alambre dulce más exquisitos de la salsa interpretado por el tresero Justo Rivera, acompañado por el piano, Morales y el bongosero Mitchell Laboy. Entran de nuevo los metales, el coro y una improvisación sabrosa de Junior Toledo para preparar el final.

Si comparamos esta versión con la de Tito Puente y Santitos Colón creo que podríamos descubrir el ingrediente secreto: los arreglos de Bobby Valentín que le dan el ritmo al bajo de Carlos Roldán y es lo que, a mi parecer, marca más la diferencia entre las dos versiones. Lo que hace que uno vuele con Willie Rosario y no despegue con Tito así la canción sea la misma. Ni comparación además entre el solo en el piano eléctrico de Tito Puente con el del tres de Justo Rivera. Son apenas casi seis minutos, pero cuánto se puede gozar en ese tiempo. Lo dicho, una fortuna saber apreciar y disfrutar la salsa.

Bonus track: